Golpe tras golpe.
Aitana estaba en su consultorio en su hora de descanso, sentada en su cómodo sillón. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, pero en vez de tomar la pequeña siesta que planeaba, lo que su subconsciente hizo fue sumergirla en un mar oscuro de pensamientos.
Comenzó a planear qué haría en unos cuantos días, pues apenas faltaban días para ponerle fin a su matrimonio con Jax.
Al fin se desharía de ese hombre que la hizo plantarle un beso a un maniquí solo para humillarla y pisotear su orgullo