Es tu hija.
—Contesta a qué hija te refieres— volvió a preguntar Jax, con el ceño fruncido, sin dejar de atravesar a Aitana con la mirada, como si quisiera arrancarle la verdad a la fuerza.
Ella sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. El aire se volvió denso, difícil de respirar, y por un instante creyó que iba a desmayarse allí mismo.
«De verdad tendré que contarle sobre Anny», pensó, asustada, analizando los pros y los contras, ya que sabía que decirlo podía destruirla por completo.
Jax podía quitar