El chantaje de la víbora venenosa.
Jax habló.
—No hay nada que discutir. Aitana siempre será mi esposa. Yo, Jax O’Brien, he decidido que la felicidad de Aitana Fonseca… y su sufrimiento… dependerán de mí por el resto de nuestros días.
La madre de Jax quedó paralizada. Isaura entreabrió la boca, sorprendida.
Y Aitana sintió como si le hubieran arrancado el aire.
Sin decir más, Jax se dio vuelta y se marchó, dejándolas a todas congeladas.
Aitana, todavía intentando entender la magnitud de la locura que acababa de escuchar, dio un