Desesperación en emergencias.
A pesar de que Marisa le explicó, casi sin aliento, que Isaura había sido quien dio la orden directa para impedir que Anny fuera atendida, Aitana no escuchó nada más.
El mundo se redujo al cuerpo pequeño que llevaba en brazos.
Apretó a la niña contra su pecho y corrió hacia el área de emergencias, empujando puertas, chocando con cuerpos, ignorando miradas curiosas. El sudor frío de Anny se le pegaba a la piel.
—¡Doctor! —exigió, casi gritando—. Mi niña necesita atención inmediata.
El médico se