Punto de Vista Madison
Maximiliano, después de despedirse de las dos personas que más amaba en su vida, además de mí, me tomó de la mano y me llevó por los pasillos del salón, corrimos como si fuéramos un par de adolescentes a la fuga, entre risas y complicidad.
Llegamos a la limusina, el auto favorito de Maximiliano estaba decorado con tiras preciosas que colgaban de la parte de atrás, flores y un gran letrero que decía, recién casados.
Sonreí, pues estaba viviendo el sueño más maravilloso