Punto de vista Maximiliano
Tres años pasaron desde que nació mi hija, aún recuerdo el día del parto y la ansiedad que sentíamos con Madison por saber la sorpresa, ella apostaba a que era un varón y yo apostaba a muerte, que era otra princesa.
La vida me concedió el verdadero placer de una tercer mujer en mi vida. Sherry, una preciosa criatura de tez blanca y ojos grises como los de su padre, también como los de su hermana.
Mía ya estaba próxima a cumplir los quince años, ya era toda una señor