Sintiendo un escalofrío recorrer nuevamente su cuerpo, Marina cierra los ojos, permitiendo que aquella sensación se prolongue unos segundos más. Su mente le susurra que está mal, que está jugando con fuego, pero la tentación es demasiado grande. La sensación es tan intensa y placentera que, por un momento, decide dejar de lado toda su razón, ignorar las provocaciones de Víctor y probar hasta dónde puede llegar aquello.
— Dime qué más sabes hacer — provoca, con la voz baja, casi en un susurro, s