Al entrar en la habitación, Víctor se sienta al borde de la cama y, con un gesto rápido, afloja la corbata, soltando un suspiro pesado. La conversación de sus hijos aún resuena en su mente, dejándolo visiblemente incómodo.
—¿Dónde se ha visto…? —murmura para sí mismo, negando con la cabeza en señal de incredulidad—. ¿Mi niñita enamorada?
Frunciendo el ceño, se levanta y camina lentamente hacia el baño, sintiendo el peso de la preocupación sobre los hombros. Se quita la ropa con movimientos auto