Aunque la seguridad que le transmite su madre la conforta, la expresión de Amelie vuelve a tensarse. Se muerde el labio inferior, como si intentara reunir valor para decir lo que realmente le preocupa.
—¿Y papá? —pregunta, inquieta.
Marina sonríe suavemente, buscando tranquilizarla.
—No te preocupes por eso, amor. Hablaré con tu padre. Sabíamos que este momento llegaría, tarde o temprano.
—Pero no pareció nada contento cuando se enteró de que me gusta alguien —confiesa Amelie, suspirando.
—Tú c