Cuando el avión aterriza en Río de Janeiro, ya es de madrugada. Marina siente el cansancio invadir su cuerpo, pero intenta no demostrarlo. No sabe exactamente qué esperar a partir de ese momento, ya que, desde que subieron al avión, ella y Víctor apenas han intercambiado palabras.
—¿A qué hotel vamos? —pregunta, mientras camina a su lado hacia la salida del aeropuerto.
—No nos quedaremos en un hotel, sino en mi apartamento que tengo aquí —responde él, sin disminuir el ritmo de sus pasos, con la