Ava miró su reflejo por última vez.
El vestido que Maya le había traído le quedaba perfecto, como hecho a medida. El tono borgoña resaltaba su piel clara y el sutil maquillaje la hacía ver distinta.
Casi no se reconocía.
—¿De verdad crees que está bien? —preguntó con nerviosismo mientras giraba sobre sus talones.
—Estás espectacular —respondió Maya, tomando el rizador de pestañas con una sonrisa cómplice—. Que esa mujer sepa que no está lidiando con cualquier chica.
Ava bajó la mirada.
—No qu