En ese instante, entró otra mujer al baño. Sophie la soltó al instante y cambió su tono por uno afable.
—¿Estás bien, Ava? —preguntó con voz cantarina—. Pareces pálida. ¿Quieres salir a tomar aire fresco?
—No…
La mujer nueva miró la escena con sospecha.
—¿Todo bien por aquí?
—Sí —respondió Ava rápidamente, tragándose las lágrimas—. Solo... hablaba con una amiga.
"Una amiga." Las palabras le supieron amargas.
No eran amigas. Sophie era una amenaza, y ella estaba atrapada en un juego peligroso,