— ¡Eduardo! — exclamó con alegría y la mujer se apartó finalmente de la puerta, dándole paso a Eduardo para que se acercara a él
— He venido por ti – dijo Eduardo amablemente mientras lo abrazaba e intentaba fingir una sonrisa, que más bien parecía una total melancolía.
La expresión en el rostro de la madre anunciaba su tragedia, estaba claro que Fabiana no le importaba, pues ni siquiera había derramado una sola lágrima, en cambio ante el encuentro de Eduardo con Samuel, se mostraba totalmente