— Buenos días, señorita, soy Mary, la joven que vino hace unos días – Le aclaré a la secretaria que ya me había atendido la otra vez, tras que entré a la empresa de nuevo, el mismo sitio en donde había empezado todo el desastre
— Oh, querida Mary, qué bueno verte por aquí de nuevo – Me saludó con su español forzado
— Sí, busco a Eduardo – Dije antes de seguir perdiendo más tiempo
— Adelante, pasa, no está ocupado — Contestó, sus palabras me dieron aliento y a la vez miedo, llevé conmigo el