— Lucrecia debe estar con Páter, le había ordenado que la tuviera en casa mientras nosotros nos casábamos, dado que no le avisé que el contrato no se llevó a cabo, debe tenerla consigo, olvidé decírtelo el día que te marchaste – Dijo finalmente
— Eres un imbécil – Le grité correspondiendo a su mirada absorta, pero decirle eso me dolió mucho, porque nunca antes se lo había dicho con tanta sinceridad, esa expresión salió desde el fondo de mi alma, desde el fondo de todo el dolor que sentía.
— L