Nos movimos despacio, sin exagerar, sin intentar impresionar a nadie, como si el resto de la sala se hubiera vuelto ruido de fondo. Ya no era el caos de antes, ni las risas, ni Sandra girando con una almohada, ni Alex fallando pasos con Laura.
Se sentía más simple, más cercano.
Su mano se ajustó en mi cintura con esa seguridad tranquila que ya no me hacía dudar, y por un momento no hubo nada más importante que eso, ni lo que había pasado antes, ni lo que vendría después.
—Clara… —dijo, bajand