Ir a casa de Sandra después de todo eso fue una pésima idea, lo sabíamos perfectamente y aun así fuimos, porque aparentemente nuestro grupo toma decisiones como si existiera un premio al peor juicio colectivo.
—Pasen, pero no toquen nada… bueno, sí, toquen todo —dijo Sandra abriendo la puerta.
La casa estaba exactamente como siempre: perfectamente normal por fuera y emocionalmente inestable por dentro. Había luces encendidas sin razón, una playlist que claramente había sido elegida en un a