(Eduardo)
Nunca había estado tan incómodo dentro de mi propio apartamento.
Ahora tenía a Laura invadiendo mi cocina como si fuera suya, a Clara discutiendo con Adrián porque él no la dejaba cargar ni una servilleta, a Alex acomodando bebidas sobre mi mesa y a Sandra caminando feliz por el apartamento como si hubiera cumplido exitosamente la misión de adoptar un hombre emocionalmente dañado.
Ese hombre era yo.
—¿Por qué sigues parado ahí? —preguntó Sandra acercándose.
Miré alrededor.
—Por