La música seguía sonando, las risas se mezclaban con conversaciones que ya nadie seguía del todo, y la noche había tomado ese ritmo en el que todo se siente ligero… casi peligroso.
Sandra seguía en su propio mundo, Alex ya hablaba como si conociera a todos desde siempre y Laura intentaba mantener algún tipo de orden que claramente nadie estaba dispuesto a respetar.
Y yo no podía dejar de mirarlo, ni él a mí, como si en algún punto, sin decirlo en voz alta, hubiéramos decidido quedarnos ahí un p