( Eduardo)
Me desperté con resaca. No por el alcohol, sino por las personas.
Todavía no entendía cómo mi apartamento había pasado de parecer el refugio triste de un hombre recién independizado a convertirse en una fiesta improvisada llena de risas, comida, música y Laura criticando mi decoración durante casi toda la noche. Pero algo había cambiado; por primera vez, el silencio no me estaba esperando al despertar.
Todavía quedaban vasos sobre la mesa, una bolsa de papas olvidada en la cocina y u