La despedida fue cordial, casi teatral. Dylan y Luciana agradecieron a Victoria su esfuerzo y hospitalidad, sonriendo y prometiendo "pensarlo todo con calma". Solo cuando subieron al auto, dejando atrás la mansión y el mundo que Victoria había construido para ellos, pudieron respirar de verdad.
El silencio se mantuvo unos minutos. Dylan manejaba con el ceño ligeramente fruncido, concentrado en la carretera. Luciana, más relajada, miraba por la ventanilla hasta que, incapaz de contenerse, soltó