capítulo 48

El sol acariciaba suavemente la piel de Luciana mientras el murmullo de las olas le adormecía los pensamientos. Dylan, detrás de ella, la envolvía con los brazos mientras ambos yacían en la enorme cama de lino blanco con vista al mar. La brisa entraba por los ventanales abiertos, llevando consigo el aroma del mar y el eco lejano de unas gaviotas.

—¿Cómo puede existir un lugar tan perfecto? —susurró ella, apoyando la cabeza en el pecho de Dylan.

—¿El lugar o el momento? Porque si me preguntas
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