Días después de la segunda boda, Dylan y Luciana aterrizaron en una pequeña isla privada del Mediterráneo. El cielo parecía pintado, y el mar azul profundo chocaba suavemente contra la orilla como si el mundo entero hubiera decidido hacer silencio para no interrumpirlos.
La villa que Victoria había reservado para ellos parecía sacada de un sueño: paredes blancas, ventanales que daban al mar y una terraza privada con piscina infinita. Luciana se quedó boquiabierta apenas entraron.
—¿Esto es r