Mientras subían al vehículo, Luciana jadeó con fuerza, apoyando la cabeza en el hombro de Dylan.
—Esto… duele más de lo que recordaba de las clases —murmuró entre contracciones.
—Respira conmigo —le dijo él, concentrado—. Tú puedes, amor. Ya casi estamos.
Joaquín arrancó el auto, saliendo de la propiedad a toda velocidad, pero con cuidado. El silencio dentro del vehículo solo era interrumpido por los jadeos de Luciana y las frases entrecortadas de Dylan:
—Tranquila… ya vamos… todo va a sal