A la mañana siguiente, Luciana y Dylan desayunaban tranquilos en el departamento. Ella apenas tocaba su café, jugueteando nerviosamente con el asa de la taza, mientras Dylan devoraba despreocupadamente unas tostadas.
—Debería llamar a mi hermano ahora... —murmuró ella, más para sí misma que para él.
—¿Seguro que no quieres esperar un poquito más? —bromeó Dylan, arqueando una ceja divertida.
Luciana le lanzó una mirada asesina antes de sacar su teléfono y marcar. Dylan cruzó los brazos, apoya