(Punto de Vista de Aria)
No había terminado de caer la noche cuando escuché el sonido del teléfono de Luca en su habitación. Yo estaba con él, tomando una taza de té en silencio, intentando acallar mi mente y mis propios temores, cuando su tono de voz cambió apenas contestó. Esa voz grave y controlada, que rara vez dejaba escapar emociones, se tensó como un cuchillo a punto de hundirse en carne.
—¿Lo tienen? —preguntó, y aunque no dijo el nombre, no lo necesitaba. Yo lo supe. Lo vi en su mirada