(Punto de Vista de Aria)
No había terminado de caer la noche cuando escuché el sonido del teléfono de Luca en su habitación. Yo estaba con él, tomando una taza de té en silencio, intentando acallar mi mente y mis propios temores, cuando su tono de voz cambió apenas contestó. Esa voz grave y controlada, que rara vez dejaba escapar emociones, se tensó como un cuchillo a punto de hundirse en carne.
—¿Lo tienen? —preguntó, y aunque no dijo el nombre, no lo necesitaba. Yo lo supe. Lo vi en su mirada encendida, en el brillo oscuro que se apoderó de sus ojos al colgar la llamada. Matteo.
Un escalofrío me recorrió la piel, helado y familiar. Mis piernas reaccionaron antes que mi mente; lo sujeté del brazo, como si mi agarre pudiera detener a un hombre como él.
—Luca… no vayas —le pedí en un susurro tembloroso.
Él me miró con esa furia contenida que me asustaba tanto como me hacía sentir protegida.
—No me detengas, Aria. Es por tu bien. —Su voz era baja, mortal, y aun así estaba cargada de alg