El silencio pesaba en mi habitación, tan denso que podía escuchar cada latido de mi propio corazón. El test en mis manos temblaba, como si el pequeño rectángulo pudiera derrumbar todo mi mundo. Luca estaba frente a mí, expectante, sus ojos grises fijos en los míos. No necesité decir nada; la esperanza y el miedo en mi mirada hablaban por sí solos.
—¿Aria…? —su voz ronca quebró el aire.
Yo apenas pude asentir, incapaz de formar palabras. El resultado era positivo. Estaba embarazada.
El tiempo se detuvo. Una mezcla de alegría y terror me recorrió entera. Sentí las lágrimas brotar, calientes, mientras Luca me envolvía entre sus brazos con una fuerza que casi me arrancaba el aire. Su pecho temblaba bajo mi mejilla.
—Esta vez nada ni nadie nos lo arrebatará —susurró con firmeza—. Lo juro por mi vida, Aria.
Había dicho “nos”, refiriéndose a ambos. No recuerdo en qué momento Luca comenzó a verme como parte de su vida de esta manera, pero es bueno. Me es grato saber que no seré para él solo e