El silencio pesaba en mi habitación, tan denso que podía escuchar cada latido de mi propio corazón. El test en mis manos temblaba, como si el pequeño rectángulo pudiera derrumbar todo mi mundo. Luca estaba frente a mí, expectante, sus ojos grises fijos en los míos. No necesité decir nada; la esperanza y el miedo en mi mirada hablaban por sí solos.
—¿Aria…? —su voz ronca quebró el aire.
Yo apenas pude asentir, incapaz de formar palabras. El resultado era positivo. Estaba embarazada.
El tiempo se