—¿Quién es Ciel? —la voz de Luca retumbó en mi pecho como un golpe seco.
Abrí los ojos sobresaltada, con la piel húmeda por el sudor y el corazón martillándome contra las costillas. La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por la luz tenue de la lámpara junto a mi cama de hospital. Luca estaba inclinado sobre mí, demasiado cerca, con el ceño fruncido y esa intensidad en sus ojos que me taladraba como si quisiera arrancarme la verdad de adentro.
Sentí que la garganta se me cerraba. Un