La habitación estaba en silencio, apenas interrumpido por la respiración profunda de Luca a mi lado. El colchón firme parecía demasiado grande y demasiado pequeño al mismo tiempo. Grande porque mi cuerpo se sentía expuesto, atrapado en esa extensión que no me pertenecía. Pequeño porque su presencia lo ocupaba todo, cada espacio, cada sombra. No había escapatoria de él, ni siquiera en sueños.
Yo creí que no hablaría, que se limitaría a cerrar los ojos y dar por hecho que yo obedecía su orden de