El tiempo comenzó a deslizarse demasiado lento a diferencia de días anteriores. Los días pasaban y mi cuerpo ya no era el mismo. A veces me mareaba al levantarme de la cama, otras veces la comida tenía un sabor metálico que me revolvía el estómago. Me dolían los pechos, y una fatiga inexplicable me obligaba a recostarme más de lo habitual. Aunque me negaba a aceptarlo, Luca tenía razón cada vez que señalaba esos síntomas. Pero yo no quería tener falsas esperanzas, ni dárselas a él. Aunque soy c