Siempre había sabido que en la mansión había lugares donde no debía poner un pie. No hacía falta que me lo recordaran; la atmósfera misma lo gritaba. Pero había una puerta en particular que me obsesionaba. Estaba al final del pasillo más silencioso, lejos de las habitaciones principales. Una puerta oscura, siempre cerrada con llave, sin sirvientes cerca, como si aquel pedazo de la casa hubiera sido arrancado del mapa.
Luca me lo había prohibido apenas llegué a la mansión, con una seriedad hela