La mansión estaba en silencio, pero era un silencio falso, como el de un animal que contiene la respiración antes de atacar. Cada sombra me parecía un testigo de lo que había hecho, cada paso resonaba demasiado fuerte, como si la casa quisiera delatarme. Crucé el pasillo con la sensación de que mis piernas iban a quebrarse, pero mi corazón ardía con una determinación que no me reconocía.
Encontré a Luca aún en el despacho. No dormía desde hacía días; su rostro estaba demacrado, con la barba cr