La casa olía a café frío y ansiedad. Cuando amanecía, la mansión parecía respirar con dificultad; los pasos eran medidos, las voces quedas. Entré a la cocina sin mucho ruido y encontré a Luca inclinando la cabeza sobre la mesa, la mirada perdida en un vaso que ya no tenía whisky. Tenía la cara marcada por las noches sin dormir; esos rasgos endurecidos le daban un aire terrible y hermoso a la vez. Me senté frente a él y por unos segundos sólo nos miramos, como dos animales que se adivinan el pel