La mansión de la ciudad nos recibió con su imponente fachada, tan distinta al murmullo sereno de las olas que había marcado nuestras semanas en la villa costera. A pesar de que la última vez que la vi era solo los escombros que preceden a la feroz batalla, ahora resplandecía igual que como la recordaba. El trabajo de reconstrucción fue excelente, ni siquiera se puede decir que fue destruida hasta los cimientos.
La ciudad era como entrar de nuevo a un mundo distinto: el ruido de los autos en la