La casa estaba llena de risas, de voces, de una vitalidad que me recordaba que, al fin, habíamos logrado sacudir el círculo de sombras que me había acompañado tanto tiempo. Desde la ventana del salón veía el jardín al fondo, bañado por un sol dorado que parecía haber salido especialmente para celebrar ese día: mi cumpleaños. Nunca imaginé sentirme tan plena, tan rodeada de vida y de amor.
Mis padres estaban allí, sentados en los sofás amplios, conversando con Clara y riendo como si fueran parte