El regreso a la villa se sintió como un alivio después del caos de la estación, aunque mi cuerpo estaba hecho un nudo de tensión. Apenas crucé la puerta, subí directamente a la habitación. Necesitaba un respiro. Dejé a Valentina en su cuna un momento, me encerré en el baño y dejé que el agua caliente recorriera mi piel, arrastrando consigo el polvo, el sudor y los restos de miedo que se me habían impregnado en los huesos.
Me miré al espejo después de secarme. Mis ojeras parecían sombras demasia