El aire en la estación de policía era pesado, cargado de un silencio que no era silencio en realidad, sino un cúmulo de susurros, miradas inquisitivas y pasos que resonaban como martillazos sobre el suelo de baldosas. Me aferré un poco más a mi hija antes de entregarla en brazos de Luca. Su mirada ardía, no solo de preocupación, sino de una rabia latente que nada podía envidiarle al ambiente hostil de aquel lugar.
Luca es una persona peligrosa, todos los saben, sin embargo nadie tiene la autori