El calendario se había convertido en mi mayor enemigo. Cada día marcado con tinta parecía burlarse de mi paciencia, acercándome paso a paso a ese momento que me aterraba tanto como me ilusionaba. Estaba en el último mes de embarazo, y cada movimiento de mi hija dentro de mí me recordaba que el tiempo de espera estaba por terminar.
Las noches eran las más difíciles. El insomnio se mezclaba con los pensamientos que no me dejaban en paz. Me acomodaba de un lado a otro en la cama enorme, con el cue