El tiempo en la nueva mansión comenzó a adquirir un ritmo extraño, como si el mundo exterior hubiese dejado de existir. Los días pasaban entre la rutina protectora de Luca y los cambios imprevisibles que mi cuerpo me imponía. El embarazo, con sus altibajos, se convirtió en un espejo de mis emociones: un torbellino de risas, lágrimas, antojos y rabietas repentinas que me sorprendían incluso a mí.
Hubo noches en que me quedaba contemplando mi reflejo en los enormes ventanales, acariciando mi vien