La madrugada estaba teñida de un silencio extraño. No era el silencio habitual de la mansión protegida, ese en el que el murmullo lejano de los guardias y el susurro del viento entre los árboles se mezclaban con la seguridad de estar vigilados. Este silencio era más pesado, más denso, como si el aire mismo contuviera la respiración a la espera de algo inevitable.
Me removí inquieta en la cama, una punzada en la espalda recordándome que el embarazo estaba en su recta final. La luna filtraba su l