La mañana se filtraba apenas entre las cortinas cuando sentí algo tibio y suave posarse sobre mi piel. No era el roce del sol ni la brisa del alba: era un beso. Un beso delicado en mi frente, como un soplo de vida que me arrancó de los sueños. Abrí los ojos lentamente, y allí estaba él.
Luca.
Su silueta era lo primero que reconocí, esa presencia imponente que llenaba cualquier espacio. Su rostro estaba inclinado hacia mí, y sus ojos, tan oscuros y profundos como siempre, me observaban con una i