Despertar con Luca a mi lado era como despertar de entre los muertos. Todavía podía sentir su calor en mi piel, todavía podía respirar el aroma de su cuerpo, esa mezcla de pólvora y humo que parecía tatuada en él desde siempre. Me aferré a su camisa, con miedo a que se desvaneciera, a que fuese un sueño cruel. Pero sus dedos recorrían mi cabello y su respiración rozaba mi mejilla: estaba ahí. Real, tangible, vivo.
—¿Dónde has estado, Luca? —mi voz se quebró al pronunciar su nombre. Las lágrima