Los pasos firmes resonaron por el pasillo, seguidos por una voz que suplicaba permiso. El intruso la ignoró y siguió adelante.
Tracy levantó la vista de su escritorio. Había escuchado el forcejeo. Esa era su villa privada — solo unos pocos tenían acceso. Su mente se aceleró. ¿Vincent?
La puerta se abrió de golpe. Se levantó bruscamente, ocultando su sorpresa tras una sonrisa altiva. Pero el hombre que entró no se parecía en nada a Vincent. La cicatriz que cruzaba su rostro era advertencia sufi