Heridas que no sanan

Mariam tomó la mano de Liam y salió de la tienda. Mientras el pequeño acariciaba felizmente el auto de colección que había escogido, Melisa jugaba con su nuevo peluche de conejo, abrazándolo con ternura. Al subir al auto, Mariam se giró hacia Sofía, notando su mirada perdida en la nada.

—¿Pasa algo malo? —preguntó Mariam con auténtica preocupación.

Sofía tragó saliva, apretando entre sus manos la bolsa de las compras.

—Pensé que no volvería a verlo… —susurró, evitando la mirada de su amiga—. Me
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