Era de mañana y el sol resplandecía con una fuerza casi simbólica, como si la vida misma quisiera anunciar un nuevo comienzo. Mariam se encontraba en la entrada del reformatorio, habían acordado reunirse, nerviosa y emocionada. A su lado estaban Sofía y Azucena, ambas compartían la ansiedad y la felicidad que se respiraba en el ambiente. Ese día no era uno cualquiera: por fin verían a Agatha libre, después de tantos meses de espera.
Los minutos parecieron eternos hasta que, finalmente, la viero