Agatha se apoyó contra la pared con dificultad. La sangre se filtraba bajo su cuerpo, expandiéndose como un charco oscuro que devoraba el suelo. Cada respiración era un tormento; sentía cómo todo a su alrededor giraba, cómo la fuerza la abandonaba poco a poco. Su mirada, sin embargo, no reflejaba miedo, sino serenidad.
Sabía que el final estaba cerca. Cerró los ojos por un momento y, en su mente, la imagen de Mariam y sus sobrinos brilló como un faro en medio de la penumbra. Si ella lograba sa