Los días continuaron su curso como un río sereno después de la tormenta. Agatha se recuperaba con cada amanecer; sus pasos eran más firmes y su sonrisa más constante. La casa volvía a llenarse de voces alegres y de ese calor de hogar que hacía tiempo no sentían. Mariam, por las mañanas, salía a trabajar y dejaba a Liam en la escuela, mientras Melisa corría feliz detrás de su tía, disfrutando de cada instante con ella. La pequeña había encontrado en Agatha una confidente, alguien que, jugaba con