Demian entró en la cocina con pasos silenciosos, todavía con la corbata deshecha y la mirada tensa por el informe que había dejado allá arriba. El amanecer filtraba una luz pálida por las cortinas y el olor del café llenaba el aire. Al verlo, Mariam levantó la vista de la taza; sus ojos, sin embargo, revelaban más de lo que su sonrisa intentaba ocultar: ojeras marcadas, el pulso un poco acelerado, la piel delgada por las noches de insomnio.
Él cerró los ojos por un segundo, tomó aire y se acerc