—¿Puedes dejarme pasar? —pregunto, ignorando todo lo que acaba de decir.
—¡No hasta que me digas qué demonios estabas haciendo!
—Bebiendo, drogándome y follando, ahí tienes tu respuesta —la aparto para salir de una maldita vez de allí.
—¡Cómo te atreves a hacerme esto! —exige, siguiéndome los pasos.
—Puedo hacer lo que me dé la gana, así que deja de pedirme jodidas explicaciones, porque no te debo nada.
—¡Me tienes harta hasta la mierda con tu estúpida actitud, Gérard! ¡Llegas todos los maldito