Nicolás estaba en medio de una de las reuniones más importantes de su vida. Cada palabra, cada propuesta que presentaba, era un paso más hacia su objetivo: recuperar la confianza de su padre. Había cometido errores, lo sabía, pero también sabía que tenía que reconstruir su nombre, demostrar que era más que un joven rebelde y emocionalmente impulsivo.
Mientras un socio exponía una estrategia de expansión, su teléfono comenzó a vibrar insistentemente sobre la mesa. La pantalla iluminada mostró un